A partir de ahora, voy a tener que prestarle mas atencion a mi mundo onirico. Por alguna razon que mi logica no atina, algunos suenos magicamente se convierten en realidad. Cada cual decida si estas cosas pasan por casualidad, intuicion o premonicion.
Hace cosa de una semana, Jose me visitaba en suenos. Yo estaba de compras por Hong Kong, con mi amigo Theo, buscando una camara de fotos semi-profesional.
De escaparate en escaparate, voy caminando distraida en el laberintico emporio electronico, cuando de repente nuestras miradas se cruzan. Asomado a la barandilla del piso superior, me saluda un Juni casi tan sorprendido como yo. Como en la cancion de Cristina, hago chas y aparezco a su lado: "Pero, que haces aqui? No estabas en Asturias con tu madre?" - "Ya, pero echaba de menos Asia y me dio un pronto, ya ves... Pero tu no estabas en la India?" - "Pues si, pero se me ha entojado una Nikon y, como sonar es gratis, pues me he venido de 'shopping' a Hong Kong..."
Bueno, corto ya con el dialogo surrealista (en el que por cierto me entere de que el Juni se habia gastado 900 euros en el antojo de volar a la China: hay que ver lo detallista que es mi subconsciente) y vuelvo a mi realidad: la del miercoles 13 de mayo, ayer por la noche.
Mi amiga Nora me habia convencido para irnos las dos solas de cena a Kovalam. No es algo que hagamos a menudo entre semana, pero Nora estaba pasando por una mala racha y no me sorprendio que quisiera escapar del campus esa noche. Como tampoco es que sea muy dificil convencerme para ir de restaurante en primera linea de playa, acepte de muy buena gana.
Apenas nos habiamos sentado en la terraza que unas manos se posaron sobre mis ojos. Mis manos acariciaron las suyas: suaves, finas, casi femeninas, extranamente familiares. De camino al antebrazo, una munequera de goma detuvo mis dedos: "no, no puede ser... Juni, eres tu?"

Pues si, es el.
Y lo mas fuerte, es que en el rickshaw de camino a Kovalam, venia precisamente pensando en el...
Nota: infinitas gracias a Jose y a su compinche Nora, por darme el susto y tenderme la trampa. Vuestras exitosas confabulaciones me hicieron muy, pero que muy feliz.
Hace cosa de una semana, Jose me visitaba en suenos. Yo estaba de compras por Hong Kong, con mi amigo Theo, buscando una camara de fotos semi-profesional.
De escaparate en escaparate, voy caminando distraida en el laberintico emporio electronico, cuando de repente nuestras miradas se cruzan. Asomado a la barandilla del piso superior, me saluda un Juni casi tan sorprendido como yo. Como en la cancion de Cristina, hago chas y aparezco a su lado: "Pero, que haces aqui? No estabas en Asturias con tu madre?" - "Ya, pero echaba de menos Asia y me dio un pronto, ya ves... Pero tu no estabas en la India?" - "Pues si, pero se me ha entojado una Nikon y, como sonar es gratis, pues me he venido de 'shopping' a Hong Kong..."
Bueno, corto ya con el dialogo surrealista (en el que por cierto me entere de que el Juni se habia gastado 900 euros en el antojo de volar a la China: hay que ver lo detallista que es mi subconsciente) y vuelvo a mi realidad: la del miercoles 13 de mayo, ayer por la noche.
Mi amiga Nora me habia convencido para irnos las dos solas de cena a Kovalam. No es algo que hagamos a menudo entre semana, pero Nora estaba pasando por una mala racha y no me sorprendio que quisiera escapar del campus esa noche. Como tampoco es que sea muy dificil convencerme para ir de restaurante en primera linea de playa, acepte de muy buena gana.
Apenas nos habiamos sentado en la terraza que unas manos se posaron sobre mis ojos. Mis manos acariciaron las suyas: suaves, finas, casi femeninas, extranamente familiares. De camino al antebrazo, una munequera de goma detuvo mis dedos: "no, no puede ser... Juni, eres tu?"

Pues si, es el.
Y lo mas fuerte, es que en el rickshaw de camino a Kovalam, venia precisamente pensando en el...
Nota: infinitas gracias a Jose y a su compinche Nora, por darme el susto y tenderme la trampa. Vuestras exitosas confabulaciones me hicieron muy, pero que muy feliz.

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