viernes, 14 de marzo de 2008

Doy gracias a mi duende

Habrá sido cosa de San Patricio, cuyas festividades recién se acaban de estrenar, porque me da a mí en la nariz que su horda de duendes o “leprechauns” me han venido sonriendo desde primera hora de la mañana de ayer.
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Todo empezó del modo más anodino, cuando salí a comprar pechugas de pollo para comer. Con mi despiste habitual, a la hora de pagar, no encontraba el dinero en ningún bolsillo. “Don´t worry, luv”, me espetó el carnicero con acento nasal de barrio, “you´ll pay me next time” (“no te preocupes cariño, ya me pagarás otro día”).

“¿Está usted seguro?”

“¡Pues claro, mujer! ¿Cómo no iba a estarlo con esa cara tan honesta?”

Os parecerá una tontería, pero el cumplido me recargó de alegría y buen humor para el resto del día. Me volví a casa con el pollo en el bolso y el pavo subido.

Todavía me duraba la sonrisa cuando llegué a la consulta del podólogo. Desde que terminara mi semana de senderismo por el Anapurna, hará cosa de cinco meses, he venido observando la ruina progresiva de mi pobre “Encarnita” (apodo afectuoso con el que hace dos años bauticé a mi siempre problemática uña). Primero pasó por todos los colores del espectro, luego se transformó en una especie de concha deforme, desgajada y desviada, que terminó por encarnizarse con mi desgraciado dedo gordo.

La pregunta de “¿cómo diablos te has hecho esto?” dio para mucha conversación. Que si el Nepal, que si la India, que si mi año sabático de mochilera errabunda, que si mis proyectos humanitarios. Estas y otras cosas le iba contando al bueno de mi podólogo, mientras él atenazaba, serraba, cortaba y limaba.

Terminadas mi cháchara y su escabechina, contestó a mi pregunta de cuánto le debía tendiéndome su tarjeta de visita: “It will be a postcard” (“me debes una postal”).
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"Razón lleva Coelho" - pensé - "hay días en que el universo parece conspirar con nosotros y hasta las cuestas más escarpadas se rinden y allanan a nuestro paso". Y eso que lo mejor aún estaba por llegar.

Por la noche había quedado con Yvonne, mi amiga y ex jefa de Microsoft. Por supuesto tenía muchas ganas de verla y de que me pusiera al día de todos los cambios y cotilleos de oficina, mi viejo mundo, pero también quería aprovechar nuestra cenilla para comentarle mis proyectos. En especial, mi deseo de colaboración con “Braille Without Borders”, la fundación de Sabriye Tenberken.
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No sabía cómo abordar el tema de manera convincente para que, bajo su manto protector, Yvonne me infiltrase en Microsoft con el fin de organizar allí un evento de recaudación de fondos para Sabriye. Mi misión resultó increíblemente más fácil de lo que suponía.

Apenas empecé a comentarle sobre el trabajo de Sabriye con los ciegos tibetanos, me interrumpió para hablarme de otra mujer excepcional, Caroline Casey, que es también fundadora de una organización destinada a invidentes. Un día antes, con ocasión del día internacional de la mujer trabajadora, Caroline había sido invitada por Microsoft para dar una charla motivacional, con tanto éxito que Yvonne, apenas terminada la conferencia, anotó en su cuaderno su recién tomada resolución: dar más a los demás y, concretamente, involucrarse este año en la organización de un evento caritativo para los ciegos. Casi me caigo de la silla.

Después de escuchar a Yvonne atentamente, me tiré una hora hablándole de la fascinante labor que Sabriye realiza en el Tíbet y, dentro de poco, también en la India. Así que ya está igual de motivada que yo.



El jueves que viene, que es además Jueves Santo, volveremos a reunirnos para la última cena (de este mes) y primer “brainstorming” de nuestro proyecto.
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Por supuesto, os mantendré informados :o)

1 comentario:

Crazy Drile dijo...

Excelent blog!
and Happy St Patrick's day!

Se ya
Crazy Drile, Sydney Australia